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Coordinador del Área: Daniel Kostzer
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La Carta de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social reconfirman el derecho al desarrollo y a una vida libre de pobreza como derechos humanos básicos. En la Cumbre y Declaración del Milenio, en setiembre de 2000, 191 países se comprometieron a reducir la pobreza a la mitad antes de 2015, y a alcanzar metas específicas.
El PNUD propone una nueva concepción de la pobreza, más allá de la falta de ingresos considerada un medio para su superación: la pobreza humana se refiere a la denegación de las oportunidades fundamentales para toda persona: vivir una vida larga, sana y creativa, disfrutar de un nivel decente de vida, libertad, dignidad, respeto por sí mismo y por los demás. La pobreza se expresa como una denegación de los derechos humanos de hombres y mujeres. La lucha contra la pobreza insiste ante todo en las capacidades, las habilidades y los recursos, tangibles e intangibles, que los hogares y las personas pueden movilizar para acceder a una vida digna.
Se requiere una nueva estrategia mundial contra la pobreza, con más recursos, centrada y comprometida, en la que el crecimiento económico esté orientado a reducir las desigualdades y potenciar a los pobres, atendiendo a:
Los programas efectivos contra la pobreza son comprehensivos, integrados con las políticas económicas nacionales y la construcción de capacidades nacionales, evitando el criterio de "dos pistas" que nunca se cruzan: el crecimiento por una parte y el desarrollo humano por otra. Asimismo resulta indispensable desarrollar un sistema para monitorear el progreso de la lucha contra la pobreza.
Una gestión ineficiente suele ser el eslabón perdido de la relación entre los esfuerzos y la reducción efectiva de la pobreza. Es preciso contar con instituciones democráticas comprometidas y sensibles así como la asignación de recursos y responsabilidades a gobiernos y las comunidades locales. El involucramiento y la organización comunitaria son críticos para articular necesidades y prioridades.
El impacto de los programas relativos a la pobreza se relaciona estrechamente con la política económica y financiera internacional en un mundo globalizado. Se necesita un sistema de comercio internacional con reglas de juego más justas, con mercados abiertos y negociación de acuerdos comerciales y tecnológicos mundiales y regionales.
Debe focalizarse en apoyar la reducción de la pobreza y aumentar la capacidad nacional y local para asumir el control y dirigir sus propias iniciativas contra la pobreza.
El PNUD acompaña el esfuerzo nacional para afrontar los desafíos de la situación social actual, apoyando la articulación e integración de los recursos y nuevas modalidades de gestión, con el fin de potenciar la igualdad de oportunidades en la salud y educación, propiciar la igualdad de género, el empoderamiento de las mujeres, atender especialmente a los grupos más vulnerables y asegurar el derecho de acceso a un ingreso mínimo digno para los sectores más postergados.