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Prensa

2008



Cena anual de ADEPA

A 60 años de la Declaración Universal de los
Derechos Humanos


11 de Diciembre


Mensaje del Coordinador Residente del Sistema de Naciones Unidas en Argentina - Carlos Felipe Martínez
Como Coordinador Residente del Sistema de Naciones Unidas (SNU) en la Argentina, es un honor participar de esta cena que expresa la pujanza, el vigor y la rica pluralidad cultural e informativa de la prensa de este querido país.

Celebro que este encuentro sea fruto y expresión de una nueva cooperación entre ADEPA y las Naciones Unidas; asociación que esta vez adhiere a la celebración del sesenta aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos y, por tanto, a divulgar y extender, a través del ancho cauce de la libertad de expresión, un lema que nos desafía y compromete: "dignidad y justicia para todas las personas".

Pocas veces un texto breve, de solo treinta artículos ha ejercido una influencia moral, política y jurídica tan grande, capaz de exceder largamente las aspiraciones de sus redactores.

Permítanme empezar estas reflexiones recordando el Articulo 19 de la Declaración que dice "Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, por cualquier medio de expresión".

Aprobada por los Estados miembros de las Naciones Unidas como un marco normativo consensuado y global, la Declaración cuyo sexagésimo aniversario celebramos, fue proclamada con razón como "el ideal por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse".

Esta visión representa una luz de esperanza para el futuro - contempla un mundo con la vigencia plena y sin distinción de los derechos políticos, civiles, económicos, sociales y culturales. Un mundo en el que cada mujer, hombre, niña o niño, viva en dignidad, libre de hambre y protegido de la violencia y la discriminación, goce de los beneficios de un techo, salud, educación y oportunidades para decidir su propio destino.

Cena anual de ADEPA

A mi entender, esta es la visión que representa la cultura global de los derechos humanos y que debe comprometernos como fuerza unificadora. Y aquí, parto de la premisa, de que nuestro trabajo por los derechos humanos, el de ustedes, las entidades periodísticas, y el nuestro, depende de nuestro compromiso con la verdad, con la no tolerancia por dobles estándares, o su aplicación selectiva. Nuestro desafió es como hacer que este marco normativo funcione mejor para prevenir y actuar sobre los abusos existentes, las omisiones y la negligencia, que se interponen en el camino de la vigencia plena de los derechos humanos.

Naciones Unidas ha reconocido que el desarrollo, la seguridad, la paz y la justicia, no pueden ser realizados plenamente sin la vigencia de los derechos humanos. Nuestro bienestar descansa en todos y cada uno de estos derechos. Todos y cada uno de estos derechos es socavado si a la inequidad y discriminación les es permitido contaminar nuestra coexistencia pacifica.

Al unísono con este aniversario los argentinos celebran en estos días 25 años de la democracia recuperada y esa coincidencia , si se quiere, subraya aun más el profundo sentido de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Porque al ponerse fin a la trágica dictadura y recuperar la libertad, la democracia argentina inició un laborioso camino de reconstrucción institucional y de retorno al respeto pleno de los derechos humanos. En los últimos años, se han registrado avances significativos como lo demuestra el juzgamiento de los actos criminales ocurridos durante la última dictadura militar y el endoso de Argentina a diversas convenciones internacionales, tales como, la de Protección a todas las Personas de la Desaparición Forzosa, la de los Derechos de las Personas con Discapacidades, y al Protocolo Facultativo para la Convención sobre la Eliminación de la Discriminación contra las Mujeres. El Sistema de Naciones Unidas en Argentina se ha sumado a estos esfuerzos a través del apoyo brindado a las iniciativas del gobierno de desarrollar sendos Planes Nacionales contra la Discriminación y por los Derechos Humanos. La decisión presidencial de renombrar en los próximos días con el nombre de "Declaración Universal de Derechos Humanos", la plaza de armas de la ex-ESMA resulta expresión de ese compromiso del Gobierno y la sociedad argentina.

Como lo expresamos en la comunicación pública que hemos suscripto con ADEPA y difundimos en las publicaciones que ustedes representan, no obstante los cambios y el progreso que el mundo ha experimentado en distintas dimensiones desde de la Segunda Guerra Mundial, la Declaración Universal de Derechos Humanos continúa teniendo hoy tanta vigencia y relevancia como al momento de su formulación sesenta años atrás. Y esto es así esencialmente porque, aunque se trata de un mundo globalizado, en el que se han reducido las barreras tecnológicas, institucionales, culturales y políticas para el intercambio y conocimiento entre los pueblos, las libertades fundamentales que la Declaración consagró están lejos de estar aseguradas para todas y todos.

Por el contrario, a pesar de los avances tecnológicos y científicos a una velocidad que nos hace difícil interpretarlos, la brecha persistente y creciente entre ricos y pobres, entre quienes acceden a las tecnologías de la información y las comunicaciones y quienes buscan acceder a la salud y educación básica, entre los poderosos y los vulnerables, entre los incluidos y los marginados, como los pueblos originarios y afro-descendientes, hace que los valores esenciales de la Declaración -la inherente dignidad humana, la no discriminación, la igualdad, la equidad y la justicia- tengan una renovada vitalidad y vigencia.

Sólo basta mencionar algunas cifras del Informe de Desarrollo Humano del PNUD 2006 para percibir la magnitud de las brechas e inequidades aun existentes: por, ejemplo, los ingresos combinados de las 500 personas más ricas del mundo superan los ingresos de los 416 millones de personas más pobres; no menos significativo, 1 de cada 5 personas del mundo en desarrollo (1.100 millones personas en total) carece de acceso a una fuente de agua mejorada, mientras que 1 de cada 2 (2.600 millones de personas) carece de acceso a un saneamiento adecuado. En el fondo lo que está en juego es revertir la distribución de los logros de un mundo cada vez más global y más injusto.

En realidad como ha mencionado el gran Maestro Ghandi: "la diferencia entre lo que hacemos y lo que somos capaces de hacer bastaría para solucionar la mayoría de los problemas del mundo"

Revertir esta situación, o al menos mitigarla, resultará mas complicado en vista de la conjunción de varios "frentes de crisis" que vivimos. Déjenme mencionar algunos ejemplos:

Primero, una emergencia alimentaría de la que millones de personas son ya víctimas y que, como lo ha señalado esta semana Naciones Unidas, ha revertido una declinación de 25 años en la proporción de gente malnutrida, elevando en el 2008 la cifra a 963 millones de personas en todo el mundo, esto es 100 millones de personas más que en 2005.

Segundo, el cambio climático transforma, entre otras muchas cosas, la naturaleza y la seguridad del agua en nuestro planeta. Sus consecuencias son atroces, piénsese por ejemplo que dos de cada tres personas que carecen de acceso a agua limpia sobreviven con menos de dos dólares diarios.

Tercero, el incremento de un comercio de armas globalizado donde por ejemplo los países del G8 vendieron el 87 % del suministro total de armas en el mundo, buena parte de esas exportaciones estuvo dirigida al mundo en desarrollo.

Y finalmente, una crisis financiera mundial cuya profundidad todavía no se conoce, con un impacto sobre la economía real que se avizora casi devastador y que amenaza seriamente que puedan alcanzarse las metas de reducción del hambre y la pobreza para el 2015.

Y así, cuestiones de significación crucial en el presente contexto global como las de los efectos del cambio climático o la crisis alimentaria, son derechos humanos fundamentales, en tanto que se trata de cuestiones que hacen a la seguridad de las personas y, por ende, a la misma seguridad internacional.

Como Organización universal, la tarea en el campo de los derechos humanos siempre nos plantea mayores desafíos, particularmente en vista de la necesidad de hacer extensiva la promoción y protección más allá del campo de los derechos políticos y sociales. En este sentido, desde una perspectiva estricta de derechos como la que enmarca y da sentido esencial al accionar de las Naciones Unidas, los Objetivos de Desarrollo del Milenio refuerzan el espíritu de la Declaración Universal, reflejando una serie de derechos, cuya protección resulta indivisible e interdependiente de estos últimos.

Recogiendo estos desafíos y necesidades, el Sistema de Naciones Unidas en la Argentina viene apoyando en las distintas jurisdicciones (nacional, provincial, municipal,) el logro de los ODM con un enfoque de derechos.

De esta manera, el SNU en Argentina busca incrementar el valor de su contribución al progreso del país en un contexto que presenta nuevas oportunidades, apuntalando en el proceso el cumplimiento de los derechos humanos para todas y todos, y procurando realizar así, en su quehacer cotidiano, la aspiración fundamental de la Declaración Universal.

Por todo lo expuesto, quiero a modo de cierre no solo celebrar esta renovada asociación con ADEPA, sino invitarlos a seguir trabajando en el marco de esta alianza el año entrante -designado Año Internacional de Aprendizaje en Derechos Humanos- para que en conjunto fortalezcamos la educación en este ámbito, haciéndonos eco de la convocatoria formulada en tal sentido por la Asamblea General de las Naciones Unidas para el 2009.

El papel de los medios de comunicación resulta estratégico para favorecer una evolución positiva de los derechos humanos. El espacio mediático se viene convirtiendo en el espacio público central en nuestras sociedades, Como ustedes saben, tanto las demandas sociales y culturales como las agendas de poder configuran a través de los medios de comunicación y de componentes electrónicos, espacios de interlocución y acción, cada vez mas variados. En este sentido y mas que nunca se necesita un espacio público plural y equitativo. Se requiere un espacio público que refleje la realidad de los derechos humanos de nuestras sociedades.

En todo el mundo, un número creciente de periodistas, organizaciones civiles, y otros entes de la sociedad, ejercen mayor y mas efectiva vigilancia sobre la protección de los derechos humanos, por parte de sus gobiernos. La llegada del Internet implica que aquellos que quieran abusar de sus ciudadanos a puertas cerradas, se encuentran con que les es mucho más difícil hacerlo, y aquellos que desean exponer dichos abusos, pueden hacerlo con mayor facilidad. En esto, estamos todos comprometidos.

Para terminar, quiero especialmente saludar a los hombres y mujeres que en las grandes y pequeñas ciudades, en todo el país, asumen el desafío de cumplir con rigor y honestidad las exigencias nuevas de esta sociedad de la información y alentarlos a defender siempre los valores esenciales de la dignidad humana, reiterarándoles el firme compromiso de las Naciones Unidas con la defensa de la libertad de prensa pilar indiscutible de una sociedad abierta y democrática.

Muchas gracias.
Carlos Felipe Martinez

 

ADEPA

 

 



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