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| Teatro Nacional Cervantes, Libertad 815, Ciudad de Buenos Aires 12 de Diciembre de 2002 Elena Martínez, Directora Regional del PNUD para América Latina y el Caribe
Voy a concentrarme en darles una breve mirada sobre América Latina en su conjunto. Pero antes de esto quiero agradecer muy especialmente la oportunidad de acompañarlos en el lanzamiento de este trabajo “Aportes para el Desarrollo Humano de la Argentina /2002”. Es un gran honor y un gran placer estar acá, en un momento tan especial para el PNUD y volver a la Argentina de la cual he estado siempre cerca, pero este año ciertamente de manera mucho más intensa. |
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Me alegra mucho compartir esta presentación con destacados representantes del gobierno, de la sociedad argentina y deseo especialmente expresar mi agradecimiento a todo el equipo del PNUD en Buenos Aires que hizo posible este esfuerzo, a quienes lo coordinaron y participaron en él, Liliana De Riz, Juan Carlos Portantiero y Fernando Calderón y por supuesto, y muy especialmente a Carmelo Angulo, nuestro Representante en Argentina. Como decía, quiero aportarles, luego de las intervenciones que hemos escuchado sobre la Argentina, sus dilemas, necesidades, esperanzas, una perspectiva desde la región nuestra América Latina. Tenemos comunidad de problemas, pero es cierto que nuestras realidades son singulares y por tanto, la solución es diversa, no hay recetas únicas. Aunque cada sociedad debe encontrar el camino práctico para encarar sus realidades, creo, es útil saber que muchas de las cuestiones que aquejan a los argentinos y argentinas, que, incluso, en ocasiones causan cierta desesperanza, no son males que se han abatido exclusivamente sobre la Argentina, sobre un sólo país. No hay una exclusividad en la crisis, muchos países sufren, en mayor o en menor grado, cuestiones similares y no es menor, creo yo, saber que a pesar de esos problemas, varios son los países de la región que han podido encontrar caminos para detener la crisis y retomar el camino del progreso. Luego del período de avances y retrocesos, la democracia, como todos sabemos, se instaló en nuestra región. Es una conquista lograda con la perseverancia y sufrimiento de millones de latinoamericanos. Poseer las libertades de las cuales hoy gozamos, dejando atrás en buena medida la amenaza permanente del autoritarismo, es un bien invalorable para todos. No es un bien abstracto. Como refleja el informe que hoy presentamos, así lo reconoce la ciudadanía argentina y también la ciudadanía de 18 países de América Latina continental en los cuales hemos realizado la misma encuesta. Como dice Ernesto Sábato, las grandes cuestiones de la humanidad, la guerra, la pobreza, en este caso la libertad, se diluyen si no la atamos a cada historia individual. A las alegrías y tristezas de cada ser concreto. Entonces, guiados por ese espíritu, nuestro principal desafío como latinoamericanos y latinoamericanas, es no sólo perder lo que logramos, sino ampliar esas conquistas. La democracia más que cualquier otro sistema político tiene la capacidad para pensarse y rectificarse a sí misma. Esa capacidad no está sólo dada por el juicio periódico sobre sus gobiernos que los ciudadanos expresan en las elecciones sino también por el ejercicio permanente de la libertad para el debate y la imaginación para que la democracia cambie y se fortalezca. En esta idea se escribe el aporte del PNUD en Argentina: ayudar a definir el campo del debate necesario. Pero pensar en la democracia en nuestra América requiere comprenderla en lo que posee de propio y particular. Por primera vez en la historia del mundo, una región en desarrollo y con sociedades profundamente desiguales se organiza políticamente bajo regímenes democráticos. Así se define una realidad singular con desafíos propios. Un triángulo de democracia, pobreza y desigualdad. En América Latina, no sólo somos democráticos sino que tenemos también más de 200 millones de personas cuyos ingresos se sitúan por debajo de la línea de la pobreza y además esta es la región del mundo que muestra los índices más fuertes de desigualdad en la distribución de la riqueza. Democracia y riqueza, y democracia y pobreza, son dos combinaciones que generan necesidades, dificultades y riesgos totalmente distintos. El primer corolario de este triángulo latinoamericano es que el debate sobre la estabilidad democrática y su gobernabilidad, no debe ignorar la pobreza y la desigualdad. Ni las políticas de crecimiento deben ignorar que pobres y desiguales, los ciudadanos ejercen su libertad para aceptar o rechazar esas políticas. Vivo gran parte de mi tiempo escuchando a nuestros compatriotas latinoamericanos y viendo nuestras realidades. Y hay preguntas que vuelven en todas partes. Creo que esas son las preguntas de todos nosotros. La primera: cuánta pobreza, desigualdad, resiste la libertad. Cuánta incapacidad para impartir justicia universalmente resiste la creencia que la libertad garantiza la igualdad de la ley. Cuánta inseguridad resiste la libertad. Cuánta desilusión con el mandato electoral puede haber hasta que se quiebre la confianza en la democracia. No hay una respuesta única para resolver estos problemas, excepto decir, que en todo caso, hace falta más democracia, más debate y más esperanza en la construcción conjunta. Argentina, creo y permítanme decirlo con toda franqueza, tiene más que las capacidades necesarias para resolver estos interrogantes. No sólo debería reunir estas capacidades: lograr que su enorme fuerza individual se conjugue, se reencuentre. Hay dos memorias que suscita la Argentina, sus grandezas, que la llevó a ser el país más desarrollado de nuestra América Latina, y sus turbulencias y dramas, cuando se perdió la libertad. Desde estas historias se debe pensar en futuro, saltando sobre la desesperanza que puede nacer sólo si nos recluimos en el presente. Es imprescindible alejarse de aquella sentencia de Marcus que definía a un tipo de hombre como aquellos, que cito, “sin memoria y sin esperanza vivían instalados en el presente”. Los Argentinos, porque tienen memoria y tienen esperanza, harán historia si logran construir las bases de su consenso democrático. Los desafíos que hoy presentamos deben ciertamente ampliarse con los debates que se suscitan en la Argentina actual. Ellos son, en todo caso, nuestro aporte, que queremos dejar en sus manos, para que sirvan a la construcción a partir de un debate necesario para esa construcción de un consenso democrático, el que todos los Argentinos desean. Mi agradecimiento nuevamente por esta ocasión de encontrarme con Ustedes y por la participación de todos Ustedes en este encuentro. Muchas gracias. |
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